Alta sensibilidad y sufrir mucho por no querer sufrir – Maria Gómez

La cura para el dolor está en el dolor

Rumi

Ayer una clienta entre lágrimas me dijo que odia ser así, que sufre mucho, más que si fuese de otra manera y que ojalá no fuese altamente sensible.

Algunas PAS tenemos mucha capacidad para sufrir.

No digo que necesariamente suframos más que el que no es así, pero muchos sí que hemos sufrido un montón y muy intensamente.

Pero bueno, el caso es que ciertas personas tenemos un potencial enorme tanto de disfrutar como de pasarlo realmente mal, de tocar el cielo cuando estamos bien y de descender a los infiernos cuando estamos mal.

Y no queremos sufrir, como el resto de los humanos.

Pero a diferencia de mucha otra gente, algunas PAS somos capaces de ponernos unos escudos mayores en nuestros intentos de evitar el sufrimiento.

Y nos intentamos sobre-proteger de tal manera que al final no es tanto la alta sensibilidad sino todos esos mecanismos de autoprotección los que nos hacen verdaderamente complicado vivir.

Porque claro, quién más y quién menos, lo hemos pasado mal, y la vida nos ha metido ya unos cuantos zarpazos.

Y anticipamos que si pasa algo malo vamos a sufrir mucho al igual que lo hemos hecho en el pasado, con lo cual aprendemos a estar en un estado constante de hipervigilancia.

A ver, esto le pasa a otra gente que ha sufrido traumas y situaciones difíciles también, claro, pero la diferencia es que en el caso de las PAS (y altas capacidades) muchas de nosotras tenemos una capacidad aún mayor que la mayoría para estar en ese estado de alerta continua.  

Porque siendo PAS sabes que si a la vida le da por ponerte la zancadilla te va a afectar mucho. Sabes que vas a estar un tiempo largo procesándolo, dándolo vueltas en tu mente, intentando comprenderlo todo para poder la próxima vez que pase algo así poder evitarlo.

Vas a estar analizando, a veces obsesivamente cada mínimo detalle, intentando comprender lo que en ocasiones no tiene explicación.

Además algunas PAS y altas capacidades no nos quedamos “solo” con el dolor cotidiano como hace otra gente, sino que ese dolor de lo que sea que nos haya ocurrido nos conecta con cuestiones más existenciales como, no sé, por ejemplo, la levedad y la finitud de la vida.

Y a veces este tipo de cuestiones existenciales pueden llevarnos a experimentar crisis de significado vital o incluso estados depresivos o de ansiedad.

Además, las PAS nacemos ya de por sí con un sistema nervioso más refinado que el resto, más atento a las sutilezas, capaz de absorber más estímulos y de manera más intensa.

Así que cuando pasamos situaciones duras, de trauma y de sufrimiento, es fácil que nuestro sistema nervioso se quede en este estado que en psicología se llama respuesta de lucha o huida.

Vamos, que nos quedamos con un sistema nervioso hipervigilante, como si viviéramos internamente en un estado de guerra continua.

Pero la gran ironía y la pena de todo este asunto es que cuando vas sobreprotegiéndote para no pasarlo mal, dejas de vivir la vida que te ofrece el momento presente.

En todo este asunto hay un punto importantísimo que es el darse cuenta y empezar a aceptar que no tenemos el control sobre muchas cosas, y que el pensar mucho y darle vueltas a todo es un intento vano de nuestra mente precisamente de tener el control, de querer “solucionar” la vida con la lógica.

Que todos esos pensamientos de anticipación, todo ese escaneo mental de peligros, es una especie de mecanismo de defensa que está muy bien en determinadas ocasiones y que efectivamente, sí que nos defiende a veces, pero que al estar todo el tiempo activado, irónicamente lo que hace es que nos deja indefensos.

Y de ahí vienen esas continuas “sensaciones de nervios” y esa ansiedad incluso cuando tu mente lógica y racional te está diciendo que no pasa nada.

Por esto mismo, las terapias hiper-racionales, que se centran sobre todo en la mente y en discutir y en cambiar pensamientos pues lo más probable es que a largo plazo te tengan atascado y más enredado en tus problemas.

Porque tú, ya eres una persona hiperracional, así que no necesitas más mente, necesitas aprender a no estar tan enredado en tus pensamientos, y necesitas trabajo más a nivel de emociones, cuerpo y sistema nervioso.

Además, si tienes el sistema nervioso en estado de alerta pues toda esa supuesta regulación del pensamiento no te sirve. Esto se está estudiando ya a fondo en terapias que tratan los traumas, por cierto.

Es muy importante también dejarnos de estas ideas tan perjudiciales que nos han traído la autoayuda tóxica, como son que el sufrimiento es malo, que si estás sufriendo es porque estás haciendo algo mal, y que “todo está en tu mente” o que el sufrimiento es meramente una cuestión de cambiar patrones mentales.

No.

Los seres humanos somos muuuuuucho más complejos que todo eso.

Tenemos una historia personal, unos traumas, una biología y fisiología, un subconsciente, unas tendencias, etc.

 Y cuidado porque a las PAS, esa psicología tóxica nos afecta más que al que no es altamente sensible.

Y por último y como siempre súper importante, es hacer un trabajo de comprensión profunda del rasgo y gestión de la alta sensibilidad porque si no, por mucho que hagas, siempre te va a estar moviendo en oscuridad sin saber muy bien donde está el botón de encendido de la luz.

Porque al final, la vida está más para vivirla, y menos para pensarla y controlarla.

PD: Estos últimos días en sesión estoy viendo más sufrimiento, por una parte, por la pandemia, porque parece que esto va para largo, y por otra, porque ha entrado ya el otoño de pleno y el cambio de luz nos afecta a muchos, así que desde aquí os mando mucho ánimo a todos y un abrazo fuerte 😉

Pd: si te gustan mis artículos y los quieres compartir con alguien a quién creas que le puedan ayudar, te lo agradezco.

Pd: te invito a que compartas tu experiencia en los comentarios y así ayudas a otr@s.

Artículo originalmente escrito en: https://mariagomezpsicologia.com/alta-sensibilidad-y-sufrir-mucho-por-no-querer-sufrir/

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