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Sensaciones durante la meditación – El Clímax de la Psicología


Aunque está demostrado científicamente que la práctica meditativa afecta a la función del sistema nervioso central y autónomo, activa las estructuras neuronales involucradas en la atención y regula las emociones, además la meditación se asocia con cambios en la neuroplasticidad de la corteza cingulada anterior, ínsula, unión temporoparietal, red neuronal frontolímbica y otras, cambios que pueden operar en conjunto estableciendo una mayor autorregulación. La atención plena proporciona una metacognición emocional más adaptativa y mejores índices fisiológicos de regulación autonómica. Especialmente en el largo plazo, los meditadores detentan diferencias estructurales en la materia cerebral gris y blanca debidas a la plasticidad neuronal.

Este fragmento está extraído el artículo que os referencio:

Guillen, J. M. B. (2014). Sustratos psiconeurobiológicos de la meditación y la conciencia plena. Psiquiatria biológica21(2), 59-64.


Y  algunos me diréis: ¿y a mí qué me importa lo que ocurre en el cerebro? 😮

Os hago esa introducción “neurológica” simplemente para explicar que parte de lo que ocurre durante la meditación está medido y comprobado por la neurociencia.

Y, tanto si sois personas espirituales, agnósticas o ateas y todo está bien y es respetable, lo que ocurre en los estados de conciencia de la meditación, al menos una parte de eso que ocurre, se puede ver con electroencefalogramas,  resonancias, etc.

Además de lo que nos dice y puede medir  la ciencia de forma objetiva, los meditadores, tenemos nuestras propias experiencias subjetivas que van más allá de la metacognición, la gestión emocional y otros beneficios para la salud física y mental.

Y me refiero a lo que yo denomino “experiencias subjetivas durante la meditación”  que si escuchamos hablar a diferentes meditadores, algunas de estas experiencias coinciden y otras varían de unos meditadores a otros.

Además de que, dependiendo de qué tipo de meditación o del momento, una misma persona puede experimentar unas sensaciones u otras.

Estas sensaciones subjetivas, como por ejemplo “contacto con la divinidad” también han sido exploradas por la ciencia. La neurobiología ha “escaneado” estas sensaciones  en monjes tibetanos y en meditadores menos experimentados y ha visto cómo se activan ciertas partes del cerebro o cómo cambian las ondas cerebrales cuando estamos en “éxtasis” o en “trance” o en estados de conciencia diferentes al de “vigilia”.

A mí la neurociencia me apasiona, me encantaría estudiarla más; no soy ninguna experta, más bien ignorante al respecto. Pero en en google académico podéis encontrar muchos estudios científicos.

Y sin meterme a juzgar, a interpretar o a catalogar las creencias particulares de cada persona, porque la espiritualidad es algo muy personal y cada persona tenemos o no la nuestra, os voy a contar algunas de mis propias experiencias durante la práctica meditativa.

Cuando comencé a practicar meditación, era una chiquilla (antes de la adolescencia)  y mi cerebro todavía estaba en plena “ebullición” y aún le quedaba alguna poda sináptica importante (ahora os explico esto).

Durante nuestro desarrollo como seres humanos existen unos momentos de la vida bastante importantes a nivel neuronal en los que ocurre la llamada “poda sináptica” (nombre que me encanta porque se asimila mucho a la poda de algunos  árboles  frutales que se hace en cierta época del año).

¿Qué es la poda sináptica? durante los primeros años de vida, el número de conexiones neuronales es muchísimo mayor que en la edad adulta. Esto quiere decir que llegan a alcanzar hasta 40.000 nuevas sinapsis por segundo. Esto  permite a bebés y chiquillos aprender muy rápidamente.

Lo que ocurre es que, durante este proceso y hasta los 12 -13 años aproximadamente, los niños/as tienen muchas más neuronas y sinapsis de las que son necesarias. Esta cantidad tan enorme de sinapsis se va reduciendo con la llegada de la adolescencia, momento a partir del cual comienza la poda sináptica, que puede durar aproximadamente hasta los 20 años.

Es decir, en la adolescencia vamos perdiendo conexiones neuronales que no necesitamos o no usamos. Por eso es mucho más fácil aprender un idioma de pequeños, aprender a tocar un instrumento, aprender muchas cosas… incluso meditación. Cualquier aprendizaje que se comience de niños y permanezca a lo largo del tiempo, mantiene esas conexiones neuronales. Sino, al no ser necesarias, desaparecen para optimizar las que sí utilizamos.

Eso no quiere decir que no se pueda aprender de mayores, ¡ojo! Estamos creando nuevas conexiones continuamente, a cada aprendizaje que hagamos, incluso en la vejez. Simplemente es que, siendo niños, este aprendizaje es más rápido entre otras cosas, por la cantidad de conexiones que tenemos. Pero de adultos, seguimos aprendiendo; también seguimos en continuo aprendizaje de meditación los que empezamos siendo niños. Es un aprendizaje vital. Dura toda la vida.

Así que todos aquellos que tengáis niños pequeños, os animo a que los apuntéis a clases de meditación.

Todo esto para contaros que a todas las personas que comenzamos practicando meditación siendo niños, tal vez el aprendizaje se nos hizo más natural, más fluido, menos costoso que  aquellos que comenzaron a practicar de adultos buscando esas experiencias espirituales, extraordinarias, extrañas o divertidas.

Pero insisto: ¡eso no quiere decir que de adultos no se pueda aprender y no se pueda experimentar! Está demostrado que ya hay cambios en la estructura cerebral tras 8 semanas de práctica de mindfulness diario en personas adultas que no habían meditado anteriormente (¡bendita ciencia que se empeña en demostrarlo todo!).

Así que nunca es tarde para empezar. La neuroplasticidad a lo largo del ciclo vital (la neuroplasticidad es la capacidad de cambio del cerebro, de crear nuevas conexiones neuronales, de aprender y adaptarse) es una realidad sobradamente demostrada.

Bueno, voy con esas experiencias, tras esta enorme introducción para contaros que, aunque sean experiencias subjetivas, en realidad algo ocurre en el cerebro cuando las sentimos.

  • Sensación de ingravidez. Alguna vez, estando en meditación profunda he sentido que flotaba en el aire. Es una sensación muy real, más real que el hecho de imaginarlo. Es como si ocurriese de verdad.
  • Sensación de meterme por túneles. Como si se tratara de un viaje en lugar de por un camino por túneles que llevan a otros lugares de la conciencia.
  • Sensación extracorpórea. Como si mi cuerpo físico se separara de mi “cuerpo energético” o no sé cómo llamarlo. Es decir, como si tuviese dos cuerpos diferentes. Es una sensación que podríamos comparar a lo que algunas personas llaman “viajes astrales” o tal vez algo similar a los “sueños lúcidos”.
  • Sensación de ausencia de tiempo. He estado a veces una hora en estado de meditación o 20 minutos, etc. (comprobados con un cronómetro) y he sido incapaz de ser consciente del tiempo que había pasado. Al entrar en otro estado de conciencia, la noción del tiempo desaparece completamente. Es algo similar a lo que ocurre cuando estamos dormidos o inconscientes y no sabemos el tiempo que ha transcurrido.
  • Unión con todo. Es una sensación que tal vez las personas espirituales o religiosas describan como “unidad con Dios o con el Universo”. En mi caso personal, lo describiría como unión total y absoluta con el universo, con todo aquello que nos rodea, como si todo y todos fuésemos uno. Es una sensación subjetiva muy potente, de paz absoluta, de fusión y de comunión con todo. Es bastante indescriptible… mejor experimentarlo. Aquellas personas que somos agnósticas, como es mi caso, también sentimos esa unión; cosa que demuestra que no es necesario ser creyente para experimentar esto. Simplemente cada persona, en función de sus creencias, puede interpretarlo como una unión con Dios, con el Universo, con el todo. Una sensación de fusión extraordinaria, eso sí.
  • Sensación de “presencia total y ausencia de todo”. Al igual que la anterior es muy difícil de explicar. ¿Algunos lo llamarían “nirvana”, “iluminación”? No lo sé. Lo que se siente más o menos explicado con palabras es una sensación de calma tan grande que no he sentido en ninguno otro estado diferente que no sea durante la meditación. Y al hablar de “ausencia” me refiero a que desaparece todo aquello que me define en la vida cotidiana, todo aquello que podría decir que soy yo. Desaparecen los pensamientos, las emociones, los condicionamientos… desaparece todo. Es una sensación complicada de explicar, complicada de contar porque no encuentro ni siquiera una buena metáfora para describirla. Es como si el espacio y el tiempo se detuviesen o desapareciesen totalmente… pero sin perder la conciencia. Os remito a un podcast de audio que compartí hace tiempo cuando estaba el blog El Clímax de la Psicología, donde expliqué esta sensación lo mejor que pude (cuando pincháis  en “play” tarda un poco en reproducirse, tened paciencia 😉  “sensación de presencia total y ausencia de todo”
  • Etc.

No quiero extenderme más, pero las sensaciones son bastante más numerosas (descarga eléctrica suave, distorsiones cinestésicas, sensacioens de “energía o algo” que recorre mi cuerpo, etc.)

En mi caso personal, nunca, en ningún caso, ninguna de estas sensaciones me ha dado miedo o me ha generado malestar. Siempre las he disfrutado y las he tomado como una experiencia más de la meditación, incluso cuando era cría.

Al ser niños, tal vez estamos menos condicionados a juzgar. Cuando he asistido a clases con más gente, hay personas que no perciben estas sensaciones de buen grado. Una cosa es lo que nos ocurre y otra cosa es cómo interpretamos lo que nos ocurre o cómo lo juzgamos. Cuando empezamos a buscar el significado de estas sensaciones, automáticamente ponemos la mente en modo “hacer” y acabamos enfrascados en un diálogo sin fin.

Las sensaciones, simplemente son eso: sensaciones. Es fundamental la actitud de “aceptación total” hacia esas sensaciones.

Desde el punto de vista del instructor de meditación en el proceso de acompañamiento al cliente, utilizamos lo que se denomina “indagación”.

Esa “indagación” no es una “interpretación” de las sensaciones ni un “por qué”, sino que consiste en el acompañamiento a la persona   para facilitarle que exprese aquello que ha sentido y que él o ella misma pueda explorarse.

Si practicamos estos tipos de meditación profunda, es recomendable estar abiertos a la experiencia, sin pretensiones; y ser capaces de no juzgarnos, como si fuéramos críos. Igual que hacíamos cuando éramos niños, que todo lo que ocurría era un nuevo descubrimiento. Mirada de principiante, lo llamamos.

En todo caso y habiendo compartido mis sensaciones subjetivas (que coinciden con las de muchas otras personas) hay que saber que la meditación, aparte de tener beneficios probados para la salud, también nos puede aportar experiencias curiosas sin ingerir ninguna sustancia externa. Todo de forma natural, como un juego, con entrenamiento y constancia. Esas experiencias nos pueden ayudar en nuestro propio proceso de desarrollo personal.

Y si eres una persona espiritual, qué decir… la meditación tiene su base en la espiritualidad, eso es innegable. El ser humano desde que tiene conciencia de sí mismo es un buscador espiritual incansable. La meditación tal vez te dé respuestas o tal vez te haga cuestionarte todavía más las cosas. En todo caso: a disfrutarla.

Os pongo enlace a un grupo privado de Facebook nuevo, para compartir sensaciones en meditación. Por si os queréis unir. Feliz momento.

Grupo Privado de Facebook

 

Enlace al grupo Privado de Facebook Sensaciones durante la Meditación

PD: insisto en la importancia de tener un guía, maestro, instructor, consultor, etc. experto en meditación para dar respuesta (si la tiene) o para acompañar en los procesos de cambio a través de la meditación. O tener a alguien para compartir experiencias. Y sobre todo muy importante: si eres una persona con algún tipo de trastorno del espectro psicótico y quieres practicar algún tipo de meditación, hazlo siempre con una persona especialista en meditación y en salud mental (psicólogo o psiquiatra) puesto que algunas de las sensaciones que pueden surgir en meditación –como las que he explicado- pueden ser similares a algunos síntomas de estos trastornos  y  la meditación se tiene que adaptar a la salud de cada persona.



Artículo originalmente escrito en: https://elclimaxdelapsicologia.com/sensaciones-durante-la-meditacion/

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