Dificultades del desconfinamiento «No sé si quiero salir…. ¿qué me pasa?»

 

“No sé si quiero que acabe el confinamiento” «Estoy muy bien así» «Me gustaría que todo acabe, y sin embargo, me asusta volver a la normalidad» «Todavía no estoy lista para salir de nuevo» «No estoy tranquilo, tengo miedo»… 

 

Estas y otras frases se escuchan con frecuencia estos días, y provocan reacciones de asentimiento o crítica al que las oye, pero no hay que juzgar, y en cambio, hay que comprender.

Aun con el virus en la calle estamos entrando en la fase de desescalada y desconfinamiento, y no para todos es una salida anhelada. En estos días muchas personas están sintiéndose preocupadas y dudosas sobre sus deseos de abandonar la tranquilidad que han conseguido en sus casas, y se preguntan si lo que están sintiendo es normal. Además, tienen incertidumbre por el futuro, lo que les genera ansiedad y malestar.

Los psicólogos estamos teniendo que atender los efectos que está generando el hecho de tener que dejar la poca o mucha seguridad que sienten estando en período de cuarentena y afrontar el nuevo reto de afrontamiento (otro más) que propone el desconfinamiento.

Las principales preocupaciones ahora mismo giran en torno a:

  • Manejo de los efectos emocionales producidos por la pandemia, tales como: miedo por el contagio y la enfermedad, traumas y secuelas psicológicas, duelos recientes, angustia e incertidumbre por el futuro, saturación emocional por tantos cambios, ansiedad, preocupación, inestabilidad emocional.
  • Adaptación a las nuevas pautas prácticas (aún poco claras) que se tendrán que incorporar, como mascarillas sí o no, distanciamiento social, funcionamiento de comercios y servicios, orden de desescalada, medidas de control, etc.
  • Abandono inminente de los hábitos y mecanismos de adaptación finalmente conseguidos durante la cuarentena (algunos muy beneficiosos) como el teletrabajo, nuevas costumbres y actividades, reorganización horaria, convivencia estrecha con la familia, ocio en el hogar, aficiones nuevas, etc.
  • Afrontamiento de los problemas que se están disparando por la crisis sanitaria, tales como el desempleo, la crisis económica, secuelas físicas y emocionales de la enfermedad, compromisos anulados, pérdidas monetarias, retraso de trámites, duelos no elaborados, campañas perdidas, reestructuración de actividades y negocios, etc.
  • Desconfianza sobre la “nueva normalidad”, que implicará convivir de forma cotidiana con cuestiones poco controlables individualmente, tales como: evolución de la enfermedad, nuevos tratamientos, decisiones del gobierno, responsabilidad ciudadana anti-virus, apoyos y ayudas económicas, cambios de conciencia colectiva, abastecimiento de material sanitario, nuevos hábitos que aún desconocemos, etc.
  • Y además, habrá que retomar y poner solución a las problemáticas que las personas ya tenían antes del estado de alarma y no han solucionado, como ciertas dificultades económicas o laborales, problemas de relación, cuestiones médicas, desahucios, insatisfacción vital, adicciones, problemas legales, entre tantos otros, que incluso pueden haberse agravado por el estado de alarma.

 

¿Salir o no salir? Esa (no) es la cuestión

Es un deseo de todos volver a la tranquilidad y erradicar la enfermedad, pero aún queda mucho camino por recorrer para ello y mientras tanto habrá que aceptar que el panorama es incierto y que muchas cosas van a ser distintas. Ante esta realidad, cada uno responde de forma absolutamente personal y única, y mientras algunos están contentos e impacientes por retomar las actividades como sea, otros están más cautos y algunos no tienen ningún interés.

Vamos a ver las causas de estas diferencias, los colectivos más afectados y algunas posibles soluciones, abandonando la idea preconcebida de que todo el mundo vive y necesita lo mismo y de la misma manera.

Las causas:

  • Susceptibilidad diferencial: Es un término psicológico que suena complejo pero su significado es muy simple: cada persona reacciona a las situaciones de un modo absolutamente propio y personal (aunque la sociedad y los ‘titiriteros’ poderosos nos educan para que seamos homogéneos y manipulables).

Ante una misma situación cada uno siente, reacciona y necesita cosas diferentes, y por ello las vivencias personales y las secuelas que dejará la pandemia son absolutamente personales, distintas y respetables.  Se han movilizado infinidad de cuestiones tanto a nivel social como individual y hay que ser consciente de las diferencias individuales sin juzgar ni juzgarse.

  • Miedo real e incertidumbre: Es una respuesta habitual ante lo que se percibe amenazante y desconocido y aún está circulando un virus pandémico que puso en jaque a todo el planeta. Por ello es normal sentir temor al contagio, a la enfermedad, al sufrimiento, a la muerte, y preferir mantenerse al resguardo. Es un mecanismo básico de supervivencia.

El “síndrome de la cabaña”, por ejemplo, nos habla de la dificultad de salir de un entorno de encierro que se ha vuelto seguro y conocido, frente a la amenaza que se percibe en el exterior, agravado por las experiencias negativas vividas justo antes de la situación de confinamiento.

Además, aunque las cifras de contagios están mejorando, aún hay muchas dudas de cómo y cuándo será el fin de la pandemia, que se suman a la preocupación por sus efectos, tanto a nivel económico como social y sanitario. Es normal sentir incertidumbre, ansiedad y/o angustia, y desear no tener que afrontar aún esas cuestiones tan inciertas.

  • Capacidad de afrontamiento y adaptaciónTodo lo que estamos viviendo nos ha enfrentado de lleno a nuestra vulnerabilidad y a nuestro poco control sobre muchas cosas. Las novedades insólitas y preocupantes que tuvimos que afrontar pusieron en marcha nuestra capacidad de dar soluciones prácticas y a la vez gestionar las emociones y el estrés, con mayor o menor éxito, pero la velocidad e intensidad de los cambios impide que podamos terminar de afianzar los aprendizajes sobre la situación y nuestras respuestas.

Hay personas que se sintieron muy desbordadas al principio de la pandemia y ahora han llegado a un punto de equilibrio y cierta tranquilidad que no quisieran tener que abandonar. Otras no se ven capaces de tener que volver a lidiar con tantas nuevas cuestiones a la vez.

La predisposición a afrontar esta nueva situación del desconfinamiento dependerá del estado emocional y también del tipo de personalidad, además de la confianza en sí mismo y las circunstancias concretas en las que se encuentre cada uno, y cómo está sobrellevando todo.

  • Rechazo a ‘volver a la normalidad’El tiempo de “pausa obligatoria” que se nos ha impuesto ha servido a muchas personas para ser conscientes de cuántas cosas estaban haciéndoles daño (trabajos desgastantes, relaciones vacías, falta de tiempo propio, exceso de responsabilidades, gastos superfluos, etc). La normalidad de hace unos meses ha demostrado tener demasiados aspectos indeseables que no tienen interés en retomar y muchos han podido descubrir en sí mismos y en sus hogares facetas enriquecedoras y beneficiosas que les hacen replantearse seriamente sus hábitos pre-pandemia. Pero ahora dudan cómo podrán sostener esos deseos de cambio y concretarlos en hechos reales cuando se retome la actividad.

Afortunadamente, se habla y se percibe algo distinto en gran parte de la sociedad. Un cambio a mejor, a una nueva forma de entender el mundo, más profunda, más consciente, más sana. ¿Estaremos realmente ante un avance de la evolución de la consciencia humana? Los cambios de tal profundidad no se dan de forma homogénea ni repentina, por lo que aún habrá que trabajar mucho por afianzarlos. La presión social, la potente máquina capitalista empujándonos al consumo, la desconexión y la inconsciencia de muchos serán escollos que aún habrá que sortear, y no todos están listos aún para hacer frente a tanta novedad.

Estar mejor dentro que fuera

En definitiva, estamos hablando de cualquier tipo de personas que ahora mismo se sienten más seguras y a gusto en sus casas y preferirían no tener que salir aún. No es que no deseen retomar sus vidas y actividades, sino que solo necesitan respetar sus tiempos y su ritmo para hacerlo, y encontrar la forma de sentir más seguridad y confianza.

En este sentido, hay ciertos grupos de la población que más están manifestando esta situación:

  • Personas altamente sensibles (PAS): Las PAS son personas con un sistema neurosensorial más desarrollado que les proporciona una vivencia del mundo y de sí mismas más intensa y emocional. No es una patología ni una enfermedad, sino un rasgo normal presente en un 20-25% de la población.

Las PAS se han visto muy afectadas por el impacto emocional de la pandemia, pero muchas han podido estabilizarse en la tranquilidad de su hogar y sus actividades. Acostumbradas a disfrutar de su soledad y las actividades tranquilas, hay encontrado en el confinamiento la oportunidad de cuidarse mejor y respetar sus ritmos, al exponerse menos a la presión social y a los estímulos externos de la ajetreada vida diaria, que suele estresarles fácilmente. Han podido equilibrar su activación y conseguir cierta estabilidad que ahora rechazan abandonar para tener que volver a un mundo que a veces resulta tan abrumador.

  • Niños: Hay quienes consideran que en la infancia todo es inocencia y actividad, pero los niños son muy perceptivos y susceptibles a lo que pasa en su entorno. La mayoría ha comprendido claramente la gravedad de la situación y es normal que muchos se muestren poco convencidos de empezar el desconfinamiento. “Salir de casa” implica para ellos miedos lógicos a la enfermedad (de sí mismos y de sus seres queridos) y cambios a las costumbres instaladas durante la cuarentena (horarios, compañía y más presencia de los adultos, tiempo para ocio y juegos, apoyo durante el aprendizaje online, etc).

Los niños manifiestan su sentir según su edad y posibilidades. Algunos lo expresan claramente y otros con cambios en el comportamiento (se les puede notar más irritables, o nerviosos, o apagados, o recelosos, o demandantes). Es importante ser comprensivos y respetuosos con lo que sienten, manteniendo la tranquilidad, respondiendo a sus dudas y teniendo paciencia para que se adapten poco a poco a este nuevo cambio.

  • Personas vulnerablesQuienes presentan cierta vulnerabilidad (real o percibida) se pueden sentir menos preparados física, psíquica y materialmente en estos momentos para hacer frente a la salida al exterior y asumir de nuevo responsabilidades y la actividad con la amenaza del virus aún tan presente. Estaríamos hablando de quienes padecen enfermedades crónicas, quienes son población de riesgo, personas mayores y sus acompañantes, personas que aún tienen familiares ingresados o acaban de perder a alguien, convalecientes, gente con problemáticas mentales, discapacidades, etc.

Pero no solo hablamos de casos en los que tiene especial incidencia la situación sanitaria, también hay reparos y desconfianza en quienes se ven obligados a retornar a trabajos con demasiada exposición pública o con mucho contacto social, personas con problemáticas económicas, sociales, penales, grupos de exclusión social y quienes vieron empeoradas las situaciones que tenían antes de la pandemia y necesitan recuperar cierta estabilidad.

¿Qué hacer? 5 claves para sobrellevar el desconfinamiento

Por todo lo explicado, no es extraño sentir en estos momentos tan delicados la necesidad de ganar más tiempo para poder procesar lo vivido, rearmarse y confiar. Pero tarde o temprano las cosas cambiarán y tendremos que asimilar las nuevas circunstancias que nos toquen vivir.

Mientras vamos dando los primeros pasos en el desconfinamiento se recomienda:

  • Aceptar como válidas todas las emociones y sensaciones que surjan. Respetarlas como diferencias personales, sin intentar forzar cambios internos (que solo generarán más malestar). Son momentos difíciles y las emociones están revueltas, es normal.
  • Estar en el presente. Querer anticipar el futuro produce ansiedad. Es mejor ir atendiendo paso a paso los datos de la realidad conforme se van presentando y respondiendo lo mejor posible, sin sobre-exigirse y sin intentar controlarlo todo, porque es imposible. Respetar el propio ritmo para asimilar las novedades.
  • Compartir. Poner palabras a lo que nos pasa, expresarlo y contar con buena compañía puede ser de mucha ayuda en estos momentos para sentirnos virtualmente acompañados y ver que hay mucha gente con inquietudes y diferentes formas de afrontarlo.
  • Confiar. En nuestra capacidad de adaptación y en los recursos personales que pondremos en marcha. La pandemia está revelando fortalezas y posibilidades desconocidas y es una gran oportunidad de aprendizaje. Hay que cuidarse y hacer lo necesario, pero con tranquilidad y paciencia, permitiendo que todo se acomode.
  • Planificar. Rescatar lo importante y plantear cambios reales. Todo lo observado y lo que estemos aprendiendo puede ser la base de un interesante cambio individual y colectivo. Ahora es el momento de hacer planes concretos de lo que nos gustaría cambiar y mejorar en nuestra vida cuando acabe la cuarentena. Así conservaremos lo bueno que hemos descubierto, nos servirá de ‘brújula interior’ en el futuro, y ganaremos seguridad.

Hace tiempo alguien dijo ‘esto pasará’ y aunque aún queda bastante por transitar, en ello estamos. Todo cambia y hay que pensar en positivo, centrándonos en lo que está en nuestras manos y confiando en que, como suele ocurrir, detrás de cada crisis hay una oportunidad.

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