“No sé si quiero que acabe el confinamiento” «Estoy muy bien así» «Me gustaría que todo acabe, y sin embargo, me asusta volver a la normalidad» «Todavía no estoy lista para salir de nuevo» «No estoy tranquilo, tengo miedo»…
Estas y otras frases se escuchan con frecuencia estos días, y provocan reacciones de asentimiento o crítica al que las oye, pero no hay que juzgar, y en cambio, hay que comprender.
Aun con el virus en la calle estamos entrando en la fase de desescalada y desconfinamiento, y no para todos es una salida anhelada. En estos días muchas personas están sintiéndose preocupadas y dudosas sobre sus deseos de abandonar la tranquilidad que han conseguido en sus casas, y se preguntan si lo que están sintiendo es normal. Además, tienen incertidumbre por el futuro, lo que les genera ansiedad y malestar.
Los psicólogos estamos teniendo que atender los efectos que está generando el hecho de tener que dejar la poca o mucha seguridad que sienten estando en período de cuarentena y afrontar el nuevo reto de afrontamiento (otro más) que propone el desconfinamiento.
Las principales preocupaciones ahora mismo giran en torno a:
Es un deseo de todos volver a la tranquilidad y erradicar la enfermedad, pero aún queda mucho camino por recorrer para ello y mientras tanto habrá que aceptar que el panorama es incierto y que muchas cosas van a ser distintas. Ante esta realidad, cada uno responde de forma absolutamente personal y única, y mientras algunos están contentos e impacientes por retomar las actividades como sea, otros están más cautos y algunos no tienen ningún interés.
Vamos a ver las causas de estas diferencias, los colectivos más afectados y algunas posibles soluciones, abandonando la idea preconcebida de que todo el mundo vive y necesita lo mismo y de la misma manera.
Ante una misma situación cada uno siente, reacciona y necesita cosas diferentes, y por ello las vivencias personales y las secuelas que dejará la pandemia son absolutamente personales, distintas y respetables. Se han movilizado infinidad de cuestiones tanto a nivel social como individual y hay que ser consciente de las diferencias individuales sin juzgar ni juzgarse.
El “síndrome de la cabaña”, por ejemplo, nos habla de la dificultad de salir de un entorno de encierro que se ha vuelto seguro y conocido, frente a la amenaza que se percibe en el exterior, agravado por las experiencias negativas vividas justo antes de la situación de confinamiento.
Además, aunque las cifras de contagios están mejorando, aún hay muchas dudas de cómo y cuándo será el fin de la pandemia, que se suman a la preocupación por sus efectos, tanto a nivel económico como social y sanitario. Es normal sentir incertidumbre, ansiedad y/o angustia, y desear no tener que afrontar aún esas cuestiones tan inciertas.
Hay personas que se sintieron muy desbordadas al principio de la pandemia y ahora han llegado a un punto de equilibrio y cierta tranquilidad que no quisieran tener que abandonar. Otras no se ven capaces de tener que volver a lidiar con tantas nuevas cuestiones a la vez.
La predisposición a afrontar esta nueva situación del desconfinamiento dependerá del estado emocional y también del tipo de personalidad, además de la confianza en sí mismo y las circunstancias concretas en las que se encuentre cada uno, y cómo está sobrellevando todo.
Afortunadamente, se habla y se percibe algo distinto en gran parte de la sociedad. Un cambio a mejor, a una nueva forma de entender el mundo, más profunda, más consciente, más sana. ¿Estaremos realmente ante un avance de la evolución de la consciencia humana? Los cambios de tal profundidad no se dan de forma homogénea ni repentina, por lo que aún habrá que trabajar mucho por afianzarlos. La presión social, la potente máquina capitalista empujándonos al consumo, la desconexión y la inconsciencia de muchos serán escollos que aún habrá que sortear, y no todos están listos aún para hacer frente a tanta novedad.
Estar mejor dentro que fueraEn definitiva, estamos hablando de cualquier tipo de personas que ahora mismo se sienten más seguras y a gusto en sus casas y preferirían no tener que salir aún. No es que no deseen retomar sus vidas y actividades, sino que solo necesitan respetar sus tiempos y su ritmo para hacerlo, y encontrar la forma de sentir más seguridad y confianza.
En este sentido, hay ciertos grupos de la población que más están manifestando esta situación:
Las PAS se han visto muy afectadas por el impacto emocional de la pandemia, pero muchas han podido estabilizarse en la tranquilidad de su hogar y sus actividades. Acostumbradas a disfrutar de su soledad y las actividades tranquilas, hay encontrado en el confinamiento la oportunidad de cuidarse mejor y respetar sus ritmos, al exponerse menos a la presión social y a los estímulos externos de la ajetreada vida diaria, que suele estresarles fácilmente. Han podido equilibrar su activación y conseguir cierta estabilidad que ahora rechazan abandonar para tener que volver a un mundo que a veces resulta tan abrumador.
Los niños manifiestan su sentir según su edad y posibilidades. Algunos lo expresan claramente y otros con cambios en el comportamiento (se les puede notar más irritables, o nerviosos, o apagados, o recelosos, o demandantes). Es importante ser comprensivos y respetuosos con lo que sienten, manteniendo la tranquilidad, respondiendo a sus dudas y teniendo paciencia para que se adapten poco a poco a este nuevo cambio.
Pero no solo hablamos de casos en los que tiene especial incidencia la situación sanitaria, también hay reparos y desconfianza en quienes se ven obligados a retornar a trabajos con demasiada exposición pública o con mucho contacto social, personas con problemáticas económicas, sociales, penales, grupos de exclusión social y quienes vieron empeoradas las situaciones que tenían antes de la pandemia y necesitan recuperar cierta estabilidad.
Por todo lo explicado, no es extraño sentir en estos momentos tan delicados la necesidad de ganar más tiempo para poder procesar lo vivido, rearmarse y confiar. Pero tarde o temprano las cosas cambiarán y tendremos que asimilar las nuevas circunstancias que nos toquen vivir.
Mientras vamos dando los primeros pasos en el desconfinamiento se recomienda:
Hace tiempo alguien dijo ‘esto pasará’ y aunque aún queda bastante por transitar, en ello estamos. Todo cambia y hay que pensar en positivo, centrándonos en lo que está en nuestras manos y confiando en que, como suele ocurrir, detrás de cada crisis hay una oportunidad.