Metáfora de mi ansiedad

Ayer te soñé y continué aquel sueño del que me hablaste y sentí en lo más profundo de mi ser…

Desde la playa, subida en mi transatlántico, divisé en la lejanía de la costa una gran palmera. Me miraba con ojos penetrantes mientras esbozaba una sonrisa amplia y diáfana. Parecía como si estuviese tratando de decirme algo. De pronto el agua del mar comenzó a retirarse y el gran barco comenzó a embarrancar apoyando su gran cascarón de color negro sobre los inmensos arrecifes de coral. Desde cubierta comencé a sentir como todo el peso del barco comenzaba a resquebrajar los arrecifes. Mi madre, que también viajaba conmigo, se acercó a mi lado y dijo:

  • Hija… ¿Qué está ocurriendo?

Mi madre aparecía en el sueño como un ser rodeado de luz y con un sólo ojo en el centro del pecho. No tenía rostro o al menos no era relevante para mí.

  • No lo sé mamá. El mar se retira. Nos quedamos sin agua. El barco se está quedando en dique seco.
  •  ¿Cómo es posible hija?

Sin saber porque, las palabras salían de mi boca apresuradamente y contesté:

  • Tal vez sea porque todo se renueva mamá
  • Claro que si hija. Así es…
  • El agua se va porque después tiene que regresar renovada. Sé que esto es así porque siempre ha sido así, pero hay algo que me preocupa.

Mamá se quedó mirando el fondo del mar durante unos instantes. Los corales brillaban como si estuviesen cubiertos por una inmensa capa de estrellas resplandecientes. Deslumbraban. Apenas se podía mantener la mirada sobre el impresionante fondo marino. Era como si el cielo estrellado hubiese sido dibujado al revés, sobre los colosales bancos de coral.

  • ¿Qué te preocupa hija?
  • Pues… Tengo prisa por llegar. Quiero ver lo que me depara el futuro al otro lado del mar.
  • Hija…Sabemos el día que empezamos nuestro viaje, pero nunca, cuánto tardaremos en hacerlo. No te preocupes. Llegaremos a donde tengamos que llegar y verás lo quieras ver. Sólo tienes que vivir tus sueños.

En la lejanía, tierra adentro, una ola gigantesca comenzó a formarse.

  • Eso es… ¿Un Tsunami mamá?
  • Así es hija…
  • Pero cómo es posible. Tendría que venir desde mar adentro.
  • No todo es predecible hija. En los sueños todo es posible.

En la orilla todas las palmeras tenían, ahora, ojos y boca. Susurraban una canción que lo envolvía todo. No podía dejar de pensar en la gran ola y en el miedo que de pronto sentía.

  • ¡Nos ahogaremos mamá!
  • No hija… Esa ola te llevará a dónde quieres ir. No creas que lo que conoces ahora es lo único que podrás comprender.
  • ¿Has visto las palmeras mamá? ¿Qué cantarán?
  • Aún no te has fijado bien. Las palmeras no cantan mi niña. Eres tú la que canta.

En unos instantes un viento muy intenso llegó y el mundo entero se inclinó por la fuerza del vendaval. Sobre la cubierta las dos mujeres se agarraron a la barandilla de estribor.

  • Mamá… ¡Tengo miedo!
  • Nooo…Mi niña… No tengas miedo. Solo continúa soñando.

Cerré los ojos un instante y el viento cesó. El barco comenzó a moverse. El mar estaba en calma. En la lejanía divisé una gran ciudad pintada de mil colores y tuve una sensación de felicidad plena. Me sentí parte de todo…

Berín

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